viernes, 18 de noviembre de 2011

El gran problema con el dólar es el peso argentino

Por Julián Guarino Subeditor de Finanzas
Cronista.com
Varios combates urgentes –pero liminares– se libran por estas horas en materia cambiaria. La pelea de fondo, la más importante, que también es urgente, todavía no ha sido encarada y hasta que no se asuma, seguirá generando salida de capitales y la inexistencia del mercado de crédito a largo plazo.
La maquinaria de la innovación normativa en el mercado de cambios todavía tendrá jornadas memorables. El Gobierno parece empeñado en controlar todos los circuitos donde corren los dólares, aunque ello implique, por ahora, su virtual paralización. Los objetivos: conseguir devaluar el peso sin hacer más inflación, frenar la salida de capitales (particularmente de los depósitos en dólares) y, ahora, bajar la cotización del dólar paralelo que el viernes tocó $ 5.
Para devaluar el peso sin hacer inflación y evitando una avalancha de los ahorristas sobre el dólar, el BCRA adoptó el abigarrado conjunto de medidas que algunos etiquetan como “control cambiario”. El dólar pasó de $ 4,26 a $ 4,30 en pocos días y el BCRA vendió menos dólares de los que solía vender usualmente, pero producto del mal timing, siguió perdiendo unos u$s 200 millones por efecto del ‘goteo‘ de las cajas de ahorro. Es que las medidas de control profundizaron la desconfianza del público dólar-habiente, que tiene miedo de que le pase lo que en 2001-2002, algo que no sería posible desde el punto de vista técnico, pero donde la cautela y precaución parecen valer más que cualquier otro argumento lógico.
Por otro lado, para frenar la salida de los depósitos en dólares, el Gobierno puso en marcha el “operativo confianza”, dando señales de que están todos los dólares y que sólo es cuestión de pedirlos a su banco amigo. Para descomprimir, la AFIP relajó los controles, y el BCRA flexibilizó los encajes bancarios; medidas nada objetables si se quiere recrear el tejido de la confianza. La tercera pata, la más nueva, es la de volver funcional el mercado del dólar paralelo, poniéndole un valor “techo” al tipo de cambio extraoficial en $ 4,50.
La paradoja es que los métodos utilizados bien podrían ser más nocivos y perjudiciales que los objetivos de fondo. Haciendo una grosera síntesis, existe cierto consenso en que el dólar debiera estar 20% más caro, lo que empuja la hipótesis devaluatoria. Por otra parte, no está claro que la legitimación de un mercado informal de cambios –intervenirlo lo legitima– sea tan mala idea después de todo. Dándole la derecha a los que señalan que el tipo de cambio real multilateral sigue siendo competitivo, una corrección del tipo de cambio nominal oficial, al desdoblarlo con un mercado paralelo, podría no trasladarse directamente a precios. A la vez, esto le resulta funcional al Central, ya que de esa forma detiene la salida de dólares de las reservas por ventas (sólo compran importadores).
Sin embargo, la verdadera pelea de fondo tiene que ver con la recurrente historia de un país (el nuestro) que siembre se vio tentado al déficit (gastar más de lo que ingresa) y la inflación (cobrar el impuesto) y que por esa razón, no termina nunca de tener un mercado de crédito sólido. Pasaron 200 años y salvo algunos períodos (entre ellos la convertibilidad) invariablemente se terminó en la solución devaluatoria, como si se tratara de la tabla de salvación permanente –y no excepcional– a los problemas económicos de gravedad como el desempleo o las distorsiones de las cuentas públicas. Evitar los déficit-inflación-devaluación redundará en una menor salida de capitales. La diferencia es clave: sin moneda, se puede fondear la compra de una licuadora, pero no se puede pagar una propiedad ni generar un mercado de hipotecarios. Sin eso, no hay confianza.

Fuente:www.Cronista.com

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

ARCHIVOS DE TEMAS DEL BLOG

Buscar articulos