martes, 23 de abril de 2013

“Mientras discutimos la democracia, el resto del mundo avanza”
Por Federico Tessore
Argentina es un país mundialmente conocido por ser uno de los pocos “des-desarrollados”. Esto implica que se trata de un país que fue desarrollado y luego se convirtió en subdesarrollado. Parece que esta tendencia no se detiene y hasta hoy nos damos el lujo de discutir el sistema democrático.
Antes de darle mis impresiones sobre lo que pasó en la Argentina durante la última semana (seguramente ya esté cansado de leer sobre el tema a esta altura…) déjeme compartir un cuento con usted, un lindo cuento que nos ilustra muy claramente qué es lo que nos tendría que ocupar a los argentinos hoy. 
Un cuento que en muchas naciones del mundo ya se ha convertido en una realidad (Brasil, Chile, Colombia, China, India, entre muchos otros) y en algunos otros está cada día más lejos (Argentina, Cuba, Venezuela y muy pocos más). En el primer grupo, el desarrollo de la sociedad no tiene pausa. En el segundo, la depresión y la mediocridad se imponen. En esta época marcada por los relatos y los cuentos usted puede elegir su propia aventura.
La historia del médico innovador
El protagonista de este cuento ficticio se llama Manuel, tiene 35 años y es un médico que trabaja en forma independiente en su consultorio. El negocio de Manuel es muy simple, le cobra a sus pacientes por la consulta. Por lo tanto, su objetivo es intentar tener la mayor cantidad de pacientes para así poder generar el mayor ingreso posible.
Manuel trabaja bastante, 10 horas por día y casi no tiene tiempo para almorzar ni para hacer ninguna actividad personal en sus horas de trabajo. Pero este esfuerzo tiene su resultado. Gracias a esto logra un interesante ingreso de $ 1.000 por día. Esto implica que Manuel tiene una productividad de $ 100 por hora, es decir, en una hora de su trabajo genera $ 100 de ingreso. 
Después de varios meses de ganar lo mismo, Manuel se pone a pensar cómo puede incrementar su ingreso diario. La primera solución que se le ocurre es aumentar la cantidad de horas trabajadas. Entonces, pasa a hacer consulta durante 12 horas y empieza a ganar $ 1.200 diarios. Luego de un par de semanas de conseguir un incremento en sus ingresos del 20%, Manuel decide trabajar un día adicional, los sábados. Por lo tanto, gracias a esto, no sólo gana más por día, sino que trabaja una jornada más, aumentando sus ingresos semanales en otro 20%.
Durante algunas semanas estuvo muy contento, pero el alto ritmo de trabajo lo comenzó a cansar más y gradualmente esto le empezó a generar problemas. Por un lado -en su casa- su mujer y sus dos pequeñas hijas lo extrañaban. Además, como trabajaba los sábados tuvo que dejar su partido de fútbol habitual con sus amigos. No sólo su familia lo extrañaba, sus amigos también. El físico empezó a sufrir. Luego de algunos meses de mantener este ritmo de trabajo, Manuel aumentó cinco kilos. Pero el síntoma que lo preocupó más fue que algunos de sus pacientes más antiguos lo empezaron a dejar. Según le confesaron varias de estas personas días después, notaron un cambio en la calidad de la atención de Manuel y por ello decidieron buscar otro médico.

Algo estaba yendo mal en su estrategia. No sólo estaba estancado -ya no podía trabajar más, por lo tanto no podía generar más ingresos-, sino que su actual ingreso estaba en riesgo. Manuel no iba a poder aguantar mucho tiempo más.
Luego de algunas discusiones con su mujer y en el medio de una noche de insomnio, a Manuel se le ocurre una “brillante” idea. Decide reinvertir parte de su ganancia diaria en la contratación de otro médico que lo ayude en su consultorio. De esta forma va a poder generar más ingresos al ofrecer más horas de atención a sus pacientes.
Si hasta el momento no había hecho esto era porque las leyes laborales de su país eran muy complicadas. No sólo había que llenar una interminable cantidad de papeles para tomar a un empleado “legalmente”, sino que además los impuestos para hacer esto eran muy altos. Y como si esto fuera poco, si el empleado nuevo no trabajaba bien y no lo quería contratar más, le tenía que pagar una indemnización que no podía afrontar. Pero como un amigo contador le avisó de un reciente cambio en la ley laboral, que incentivaba la contratación de empleados bajando los impuestos y las exigencias al mínimo, Manuel finalmente se animó.
Contacta a un médico amigo desempleado y le ofrece $ 400 por día de trabajo en su consultorio. Manuel sabía que las horas de este médico podían generar ingresos por un total de $ 600, por lo tanto, esto le implicaría generar $ 200 adicionales por día. De esta manera, Manuel logra incrementar su ingreso diario a $ 1.400.
Contento con esta nueva apuesta, el médico decide contratar más y más doctores. No sólo expande su consultorio con más espacios de atención, sino que decide abrir sucursales en el resto del país. Manuel dudó mucho de implementar este plan de expansión. Es que el “extraño” país en el cual vivía le daba sorpresas continuamente. 
En el pasado la inflación era altísima, con precios que subían y complicaban el negocio. Las regulaciones eran cambiantes y la actividad subía y bajaba en forma brusca cada pocos años. Era imposible de planificar para un nuevo y pequeño empresario como él. Pero nuevamente un amigo, esta vez economista, lo tranquiliza mostrándole la política económica del Gobierno. Manuel se sorprende al ver que su país ahora tenía superávit fiscal, casi no tenía deuda y la inflación era muy baja gracias a las altas reservas del Banco Central y su política monetaria responsable. ¡Cómo cambió todo!, se sorprende Manuel. Y luego de saber eso lanza su plan de expansión generando cientos de nuevos empleos.
Manuel se sorprende gratamente: a medida que se expande, genera más y más ingresos. Su productividad diaria se incrementa de una forma asombrosa. En unos pocos meses lograr triplicar su productividad con la contratación de nuevos médicos.
Después de unos meses, se encuentra con una organización en todo el país y con una facturación muy alta. Su productividad se había incrementado de una forma muy importante, pero él no lograba estar contento. Estaba llegando al punto de que se le hacía muy difícil conseguir doctores para contratar. La cantidad de médicos que existen en la Argentina es limitada, por lo tanto, su empresa no iba a poder seguir creciendo. Además, manejar a ese enorme equipo de personal se hacía cada vez más complicado.
Tenía que encontrar una solución. ¿Qué decide hacer? 
Decide que no iba a poder crecer más agregando médicos a su empresa, sino que tenía que encontrar una forma alternativa para seguir creciendo. Tenía que crear algo que lograra que su trabajo y el de la organización fueran más eficientes, más productivos, con la misma cantidad de empleados. Entonces decide juntarse con un grupo de científicos y médicos amigos para crear una maquina que logre “detectar enfermedades”. 
Pero aquí se encuentra nuevamente con un nuevo obstáculo. Había que pagar los sueldos de los científicos y de los médicos. Estaba ante un proceso de investigación caro. Y si bien le estaba yendo bien, aún no tenía el dinero necesario para financiar el proyecto. Al principio se amargó y pensó que su idea era imposible de implementar. Pero casualmente, a los pocos días de armarla, un fondo de inversión que invertía en empresas que eran pequeñas pero que tenían potencial de crecimiento, se le acercó. Estaban interesados en darle dinero a Manuel a cambio de ser socios del proyecto. No estaban apurados en recuperar el dinero invertido, ni querían manejar la empresa, eso se lo dejaban a Manuel que lo estaba haciendo muy bien. Sólo querían ayudarlo a hacer crecer su negocio y en unos 5 años recuperar su capital más la ganancia. 
Manuel estaba nuevamente sorprendido. Era lo que necesitaba para continuar el crecimiento de su empresa. Así que empezó a negociar con ellos. Pero todo se hizo mucho más fácil cuando aparecieron otros dos fondos interesados en la inversión. Él, sorprendido, le pregunta a su amigo economista: “¿Qué está pasando? ¿Por qué tantos fondos interesados en invertir en pequeñas empresas?”. Su amigo le explica: “Es que el país está andando bien, por lo tanto los ciudadanos tienen ahorros y como saben que la mejor forma de multiplicar los mismos a largo plazo es apostando a empresas como la tuya, invierten sus ahorros en fondos que invierten en empresas nacientes. Hoy, cualquiera con una buena idea consigue capital para hacer crecer su empresa”. Manuel, sin salir de su asombro, consigue llegar a un acuerdo con uno de los fondos que le hicieron la mejor propuesta y lanza su proyecto de investigación.
Después de varios meses de intenso trabajo consigue crear esta “máquina que diagnostica pacientes” sin necesidad de que hubiera un médico involucrado en el proceso. Esto implicaba un invento revolucionario no sólo para su empresa, sino también para el mundo. Gracias a ese invento se podían hacer diagnósticos sin involucrar tiempo de los doctores. A partir de ese momento el médico-empresario no se dedica a tomar nuevo personal, sino que cambia de estrategia.
Se toma el trabajo de proteger su invención patentando la nueva máquina creada y se dedica a intentar venderla no sólo en todo el país, sino en todo el mundo. Al principio contrata a un grupo de vendedores que se encargaba de contactar a otros consultorios y hospitales en forma personal. Así logra generar las primeras ventas de su máquina y empieza a obtener ganancias cada vez más interesantes.
Pero cuando su negocio despega realmente es cuando lanza su página web y empieza a vender su máquina a todas partes del mundo a un costo muy bajo en forma online. Le llegan pedidos de venta desde países lejanos como China o Australia. Manuel y su empresa se dedican a producir y vender cada vez más máquinas a varias naciones. La productividad de su empresa saltó de una forma exponencial y continúa creciendo en forma casi ilimitada por muchos años. 
Manuel termina armando una empresa multinacional, con sede en su país, pero que genera ingresos en todo el mundo. Su sueño se convierte en realidad y Manuel cumple todos sus objetivos.
Las consecuencias del cuento de Manuel
Es importante recalcar que de este proceso no sólo se beneficia Manuel, que se convierte en una persona millonaria luego de décadas de trabajo. Sus empleados están contentos también, ya que tienen cada vez mayor capacitación e ingresos. Sus proveedores tienen un cliente cada vez más sólido y demandante. Sus clientes tienen un acceso a un producto que les facilita la vida y además de una forma cada vez más económica. Su país tiene una empresa que demanda cada vez más trabajo y paga cada vez más impuestos. En fin, el circulo virtuoso de crecimiento nuevamente en funcionamiento.
En este ejemplo se ve claro cómo el aumento de la productividad (lo que alguien puede producir en una hora de trabajo) es la clave para que una persona, una empresa o un país logren el crecimiento económico sostenido. También vimos cómo el aumento de las horas trabajadas o del insumo laboral para crecer tienen un límite y cómo la innovación es la clave del crecimiento sostenido y la clave para el inversor.
Países como Brasil, Chile o Colombia discuten apasionadamente sobre qué pueden hacer para replicar el cuento de Manuel en miles o millones de personas. Cada vez existen más “Manueles” en esos países, personas que encuentran las condiciones para arriesgar, para innovar, para pensar, para compartir, para lanzarse a proyectos. Algunos de éstos fracasan, pero otros no sólo prosperan, sino que se convierten en la base del crecimiento de sus economías. 
En Argentina no discutimos ni un sólo minuto cómo incentivar la creación de casos como el de Manuel. Nos parece un tema irrelevante… nos interesa más discutir temas como, por ejemplo, si tiene sentido tener una justicia independiente del poder político… o si el marido de una atractiva modelo es el hijo de Kirchner o no… o si hubo uno o dos millones en la impresionante marcha de protesta contra el Gobierno actual.
Usted elige. O se “divierte” en la discusión argentina, defendiendo temas que el mundo ya superó hace décadas, o se focaliza en este apasionante desafío del crecimiento y la innovación. 
Ésa es nuestra tarea en la Revista InversorGlobal: mostrarle cómo es posible que usted pueda salir de la triste y básica discusión argentina e insertarse en un mundo donde todos sus sueños pueden ser una realidad. Si aún no es suscriptor hágalo ahora mismo haciendo click aquí. 
Federico Tessore. Para InversorGlobal Argentina.
Fuente.Publicado en Opinión calificada

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