martes, 10 de marzo de 2015

DILMA AL GOBIERNO, LULA AL PODER.

Dilma pretende reproducir el modelo inicial de Lula: ortodoxia macro y distribucionismo marketinero, de escaso impacto fiscal. La industria enfrenta fuerte competencia china en sus principales mercados; han devaluado para aliviarla y para responder al Dólar fuerte (en el mundo) y subieron la tasa para evitar la salida de capitales. Levy, en Economía, consiguió superávit fiscal primario en enero. Pero aún se mantiene el déficit comercial externo y su Programa no cuenta con el apoyo parlamentario. Final abierto, en el cual seguramente intervendrá la inteligencia negociadora del tornero mecánico, si es que fuera a llegar a buen puerto.
Por Jorge Ingaramo
Dilma se "Luliza".
Los primeros cuatro años de Dilma, en el poder, no fueron buenos. En el último año de Lula (2010) la economía creció al 7,5% y el Producto per cápita al 6,6%; por supuesto que desde una base muy baja, impuesta por la crisis internacional de 2009.
El per cápita creció 3,2% acumulado, en cuatro años de Rousseff, cuando lo hizo al 6,5% en América Latina y al 17,1%, en el caso particular de Perú, un modelo diametralmente opuesto.
Ocurre que Dilma no tiene las características políticas del tornero mecánico y, en vez de generar coaliciones amplias -a veces corruptas-, se encierra, mezquinando el diálogo y peleándose con los bancos, los inversores, la prensa influyente y la Federación de Industrias de San Pablo (FIESP).
No se puede decir que organizar el Mundial haya sido la causa del traspié, que le quitara a Rousseff la oportunidad de profundizar el liderazgo regional (sobre todo después de la muerte de Chávez), ni que el gasto fiscal ineficiente fuera la causa de la abrupta interrupción del original modelo de derrame, que había inventado su antecesor.
Un poco de historia no viene mal: Lula es un gran político (de los que saben perder) y, mal que le pese, Dilma era un cuadro técnico, afiliado tardíamente al PT, que nunca terminó de girar hacia el reconocimiento de la realidad "real". Por eso, pasó por las "tres negaciones de Pedro", antes de ser reelecta, gracias a Lula, y tener ahora la oportunidad de revisar -si es que puede- el modelo de política económica, que ella condujo: desde la ortodoxia macro, con distribucionismo social bien financiado, hacia un mero desarrollismo plagado de exenciones tributarias, dudosas intervenciones empresarias del sector público o mixto y baja eficacia para la infraestructura y la implementación de cambios en la industria (que no logró sino atraso relativo). Se le reconoce que mejoró la educación, pero la ascendente clase C quería mucho más que eso.
La nueva hora de la ortodoxia.
Conciente de la necesidad de volver a "lo que funcionó", ahora que las commodities ya no rinden lo que antes y, para colmo, las exportaciones industriales siguen enfrentando la ofensiva china, antes de asumir su segundo período, designó a Joaquim Levy en Economía, que ya había sido responsable de Hacienda en los primeros años de Lula y fortaleció a Alexandre Tombini, en el Banco Central. Para emparejar, mantuvo a Nelson Barbosa en Planeamiento, un hombre de su riñón. Pero, todavía no logró desarticular el misterioso entrelazamiento entre influencias políticas de gobernadores y congresistas con las empresas que determinan, con su tamaño y en sus movimientos, el andar del país.
El Bovespa subió cuando se conociera el nombramiento de Levy. Pero, luego vino el virtual retiro, por decirlo suavemente, del BNDES del financiamiento desarrollista y toda la crisis de corrupción, (de la que por ahora se salvó Dilma), entre Petrobras y sus constructoras - proveedoras.
Ergo: dudas sobre el "investment grade" del "o mais grande".
El Banco Central subió las tasas en 175 puntos básicos, desde octubre, para frenar la inflación, cuyo crecimiento interanual en febrero se situó en el 7,36%. Es el máximo en los últimos 12 años, y pretende devolver a Brasil al modelo de ortodoxia macro, que tan buen resultado le diera a Lula en sus años de gloria.
A mediados de semana, el Ejecutivo mandó al Parlamento un Programa de ajuste fiscal, que pretendía recuperar el superávit fiscal primario que, por primera vez en muchos años, se evaporara en 2014. Levy consiguió darlo vuelta, obteniendo un excedente de MU$S 7.500 en enero y prometió una meta de ahorro del 1,2% del PBI, para 2015. También soportó un déficit comercial en enero, el primero en 14 años.
La nueva gestión no aumentó impuestos pero sí suspendió exenciones, redujo pensiones por fallecimiento e introdujo restricciones a los seguros por desempleo. El recorte de gastos trajo a la memoria los días en que Lula sobre-actuaba.
La venta de autos en Brasil cayó 26,7% interanual, en febrero, y llegó a los peores niveles desde noviembre de 2008, por una combinación de reposición de tributos (antes exenciones tributarias) y encarecimiento del crédito.
Al Congreso no le gustó el Programa fiscal ortodoxo (lo quier "matar de chiquito"). Aparte, la última encuesta entre economistas, efectuada por el Banco Central, predice una caída del PBI del 0,58%, en 2015, la peor en 25 años, con lo cual se vuelven poco operativas (algo inútiles) las voluminosas Reservas externas, a la hora de encarar una mejora económica que regrese a Lula a la Presidencia, en las elecciones de 2018. Si Dilma propone el programa de la oposición....
Nadie cree demasiado en este rápido retorno a la ortodoxia y todos preferirían que el marketinero del modelo fuera el tornero mecánico y no la poco flexible D.R.. No en vano el Real se sigue derrumbando y ya superó el umbral de los 3 por Dólar, una vez conocido el rechazo del Congreso al modelo de ajuste que, aún con ser significativo, no lo invalida del todo.
También en enero se llegó al 5,3% de desempleo (en Brasil se mide sólo el empleo formal), el mayor nivel de setiembre de 2013. Sorprende una medición tan favorable, pero se comprende que así sea, ya que no alcanza a tomar en cuenta toda la inmensa economía informal que caracteriza a las grandes ciudades y al campo brasilero.
Troesma.
Buena parte de la sociedad añora las buenas épocas de la virtual coalición entre sindicatos e industriales, que disimulaban la clarísima ortodoxia macro, propulsada por Hacienda y el Banco Central, que permitiera -otrora- los grandes programas igualitarios o distribucionistas que, según algunos, sacaron a 40 millones de personas de la pobreza, para incluirlas en la Clase C (que no es media, por ahora).
Pocos recuerdan, salvo en el PT, que el marco macroeconómico era de una rigidez inconmovible. Estando Levy como encargado de la Hacienda de Lula, a éste nunca le faltó plata para vender y sobre-vender su Programa Bolsa Familia. Se diga lo que se diga, Lula hizo un "milagro", redistribuyendo apenas el 0,45% del PBI, para atender a cerca de 55 millones de personas y vender al mundo que los sacaba de la pobreza, asignándoles apenas medio Dólar por día o el equivalente a 180 dólares por año, por habitante.
Pero el maestro sabía hacerlo y la alumna se encontró con la Clase C ya desarrollada y llena de aspiraciones. Por eso, los incidentes previos al Mundial, las demandas de mejores infraestructura y servicios (transportes urbanos), en un país donde no cambió esencialmente la inequidad distributiva y donde la formación bruta de capital pasó desde apenas 15 puntos del PBI, en 2005, a 19,8% en 2011, para luego declinar a sólo un 18%, en 2014, Mundial incluido. Cuando la inversión es escasa, la clase C no se da cuenta de la mejora.
Quiere decir que hay muchos ruidos, pero menos nueces que las esperadas. Con Lula se notaba menos y con Dilma se notó más. Ahora, que vuelve el momento de la ortodoxia macro, para garantizar una sostenible futura distribución, se siente el crepitar de las protestas en los sectores industriales que, si bien saben que se benefician por un Tipo de Cambio un 40% superior al de hace 9 meses, no tienen los beneficios financieros que proveía el BNDES y, para colmo, se han eliminado exenciones tributarias en consumos importantes, como la venta de automóviles.
Paciencia...hay que cuidar el "investment grade". Y esperar que la Argentina mejore (por ahora, gana en "posicionamiento financiero")
Opinión.
Es difícil saber si, con los nuevos consejos, -ahora aceptados-, de Lula, el retorno a la ortodoxia y a una economía menos influida por la política, renacerá la economía brasileña que, no sólo se mira cada vez más el ombligo (pese a la expansiva - y poco generosa- diplomacia de Itamaraty) sino que tampoco logra los objetivos que alguna vez fue tan fácil promocionar, sobre todo cuando -apareció el Presal, -China compraba (más de lo que vendía) y -las commodities permitían el inteligente distribucionismo no inflacionario que hizo escuela (de hecho, lo copiaron Correa y Evo).
Ahora, Dilma -con mucho menos poder político- enfrenta peligros más graves. Todavía no ha logrado la adhesión de la prensa y el sector industrial, pero fuga hacia delante, como lo hiciera antes Lula, devaluando fuertemente el Real y subiendo la tasa básica (SELIC), con el objetivo de equilibrar al sector público y atraer capitales para mantener y, si es posible mejorar, el viejo modelo impuesto por el maestro, en su primera Presidencia. Tiene en contra las consecuencias inflacionarias de un Real devaluado, en un país que ha re-primarizado sus exportaciones, y el retroceso internacional, al menos desde el punto de vista de la inversión, de las principales empresas-insignia de Brasil.
FUENTE: http://www.arturonavarro.com.ar - ENVIADO POR ARTURO NAVARRO

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